El motor español, en deuda con Ángel Nieto

El motor español, en deuda con Ángel Nieto
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El motor español está de moda. Si en Fórmula 1 estamos acostumbrados a sentarnos delante del sillón para ver a Fernando Alonso, parecía como si el mundo del motociclismo se hubiese quedado en un segundo plano. Hasta hace unos años, sólo prestábamos atención a las categorías de menor cilindrada (50cc, 80cc. 125cc y 250cc) donde pilotos de la talla de Aspar, Champi Herreros o Sito Pons nos enseñaron el lenguaje del mundo de las dos ruedas.

El pionero fue Ángel Nieto. Un madrileño que empezó como mecánico mientras que mataba el gusanillo de la velocidad compitiendo con medios muy precarios. Su enorme calidad le hizo competir en el Mundial, donde se convirtió en un David que tenía que batir a unos cuantos Goliats en cada carrera que disputaba. A base de esfuerzo, exportó la mejor cara del landismo de la época haciendo escuchar el himno español fuera de nuestro país. Fuera de España conocieron la capacidad de sacrificio, de lucha y de superación que aparece en nuestro ADN. Sus trece títulos mundiales (12+1, como a Nieto le gusta que le digan por superstición) se han convertido en una de las líneas más brillantes del currículum vitae español. Después, todo fue menos difícil, aunque no fácil. Las categorías pequeñas fueron de dominio español. Nos desenvolvíamos como pez en el agua. Sin embargo, faltaba el salto hacia las grandes, aquéllas en las que las motos eran más grandes y corrían más. Fue Sito Pons el que asomó la cabeza en 250 cc, hasta entonces, vetada para nosotros. El catalán se convirtió en el mejor estratega de la categoría, dominaba con inteligencia a sus rivales, lo que le permitió alzarse por dos veces consecutivas con el título. La primera vez que un español lo conseguía. Sin embargo, faltaba la categoría reina, la de 500 cc y que luego se convirtió en Moto GP. El momento no llegó hasta la llegada de Álex Crivillé, que ganó la primera carrera y el primer título mundial ante un intratable Michael Doohan. Ahora, Dani Pedrosa o Jorge Lorenzo siguen los pasos de todos los pioneros de nuestro motociclismo. El landismo ya está enterrado, pero sigue siendo recordado con orgullo.

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